lunes, 13 de abril de 2009

Anécdotas del transporte público...

Es uno de esos viajes en bus público en Bogotá, en donde, muy al contrario de las amigas bloggeras de los hemisferios norte y sur, ya se perdió la esperanza de una temporada de sol... (Ya me rendí: Llevo 3 años esperándola), y hoy no fue la excepción...por fortuna, el frío no se siente dentro del bus, o mejor, la buseta, donde por módicos $1100 pesitos (Unos 0.33 euros...), sientes todo el calor de tus paisanos (y los olores, apretujones y demás...). Como ya no había sillas libres, me dirijí con mi bolso (Rectangular, azul profundo y con un diseño de una ventanita blanca) y un paquete de galletas de limón dentro de una bolsa de supermercado hacia la parte de atrás. Me acomodé lo mejor que pude. Cuando desperté a la realidad, oi a tres jovenes charlar animadamente (Yo diría que demasiado para mi gusto, pero no todos comparten mi gusto, que le vamos a hacer...) y de repente comenzaron a hablar entre ellas. La más joven me dirigió la palabra:

-Oye, ¿Te llevo la bolsa?
-No gracias, no te preocupes (¡Ni que las galletas pesaran!)

Soltaron la carcajada ("Ves, te dije que te iba a decir que no", "Pero es que había que creer en algo" "¡Ni que fueras atea! Jajajajaja....). ¿Se reían de mí? Quizás (Admitámoslo, siempre hize el ridículo, pero, la verdad, es que nunca me importó la opinión de los demás). No, en realidad no. Bueno, sólo por ese momento. Cuando se olvidaron de mí, me dedique a ponerles atención: Tres jovenes con el mismo traje de oficina. Tres oficinistas, pero muy jovenes. Se pusieron a hablar de las peliculas mas malas de la temporada con una gana que da envidia. Luego de lo que les da miedo. "De volver a perder cálculo", dijo una. Ajá, niñas de colegio, de grado once, de último año, por ahi de 15 a 17 años....con razón las carcajadas que ya estaban por sacarme de quicio...

-Oigan, niñas, ¿no nos estamos riendo demasiado? (Mientras suelta una carcajada)
-¡Pero si es que la vida es para reirse! ¡Si no, ¿Para qué es?! (Carcajada colectiva, mas grande y sonora que todas las anteriores).

Y ahi está, la lección del día, de boca que quienes crees que no te pueden enseñar nada, y sin saberlo, lo hacen. Ahi se acabó la lección del día: Llegué a casa.

(Comida fuera del microondas y diciendo, ¡Cómeme!). Super tener una amanta con quien poder reirme de que la vida es solo eso: La vida....

4 comentarios:

Marcela dijo...

Buena lección, si señora, jajajaa. Por cierto, estás leyendo, según veo en tu anterior post, mi libro favorito, muy buena elección, es un libro que también da lecciones, qué bonito es. Un saludo y bienvenida a la blogosfera.

Morgana dijo...

jajaja así es, de repente la mejor lección la recibes en la calle!! Oye, y qué cierto no?? si la vida no es para reirse, para qué??

jajaja Besos!

Sac-Nicte dijo...

Marcela, ya terminé el libro. Me pareció impactante el final: No podía creer que Lavinia se sacrificó en aras de los demás, sino también por ella misma. Actitudes como esa definen la historia.

Abrazos,

Anónimo dijo...

Si amiga... En Bogotá (no por nada le dicen la nevera...) vivía muerrrta de frío, no veia la hora de irme para Cartagena para coger sol y calor!!!

En cuanto a las risas, bueno, ahora no es mi mejor momento, pero siempre fui de risa abierta, quizás demasiado, muchas cosas me hacen reir, trato de tener buen humor...Hay que reirse, amar, y dejar lo malo atrás... Estoy tratando de hacer eso...
Besos nena!